Brossa emplea elementos cotidianos y conocidos por el espectador que adapta a entornos y situaciones de denuncia, alejándolas de la banalidad o acercándolas a ella, siempre con intención crítica y con una ironía propias de un mago de la palabra. Por su parte, el poema público de Arias-Misson es caótico y estructurado. En algunas ocasiones sigue los parámetros jados por el trovador en busca de mesura y control. En otras, el caos se apodera de la ciudad, la lógica interna se quiebra y se produce el verdadero éxtasis. En cualquier caso, las obras de ambos artistas resultan al espectador inquietas, metafóricas, con una gustosa ironía anárquica que les convierte en inmortales para el arte.